Regulación emocional: Mindfulness

Seguramente todos escuchamos muchas veces esta palabra en los últimos años, Mindfulness y la idea que transmite de entrada es de relajación. 

A veces  en consulta me pasó eso de nombrar al paciente recursos de esta técnica y la respuesta fue  rápidamente “eso no va conmigo, me agobio con esas cosas, soy demasiado inquieto”.

Recuerdo mi primera experiencia personal con este enfoque de la mano de Carola García, una experiencia maravillosa de mano de una persona con unas cualidades brillantes para la conexión consciente con los demás. Parte de mi equipo y yo convivimos en una experiencia realmente gratificante, sorprendente y para mi muy sanadora (también con muchas risas, anécdotas y dureza emocional).

Pues bien, permitir sentir,  escuchar pensamientos y conectar con uno mismo en el presente es como yo definiría en realidad el Mindfulness. Es un trabajo complejo y muy duro emocionalmente, apartar el ruido y escuchar dentro de uno mismo, pero también, se trata de lograr instaurar un lugar de seguridad, de acogimiento y de respeto hacia uno mismo.

Se trata en realidad de una forma preciosa de apegarse o vincularse con uno mismo. Acoger con la mirada, el rostro, las manos y el cuerpo. Lo que hacemos, en esencia, muy similar a cuidar de forma sintónica y armónica a un bebe. Acoger todo el abanico de emociones, sensaciones y pensamientos y acercarse a ellas desde una perspectiva abierta como de exploración de niños.

El Mindfulness ofrece infinidad de posibilidades de trabajo siempre acogiendo y estando presentes. Puede ir desde la respiración, el movimiento en sus múltiples formas, la relajación y tensión muscular, la sensación, el pensamiento y las propias conductas.

Cómo pequeño ejercicio práctico, de cara a acercarnos a este enfoque, podemos hacer unas 2 o 3 paradas conscientes en nuestro día a día, en los que por un momento pasamos de un procesamiento cognitivo automático a controlado.

El procesamiento automático es un muy buen recurso, nos permite adaptarnos a una demanda diaria de múltiples tareas. Nuestro cerebro realiza este trabajo de tareas “más familiares para él” de forma que minimiza los recursos empleados en ellas y las convierte de alguna forma en “menos conscientes”. Este proceso que es sano y adaptativo; se puede convertir cuando ocurre de forma excesiva en poco estabilizador puesto que dejamos de sentir, pensar, reflexionar y vivir la esencia de los momentos  presentes para únicamente presenciarlos a nivel cognitivo, registrar eventos y vivirlos por decirlo de modo sencillo y práctico como si los registra un ordenador.

 El procesamiento controlado es por ejemplo, el que se da cuando aprendemos o realizamos una tarea por primera vez. Nuestra atención está muy focalizada en ello y tenemos un estado de consciencia plena. En estos momentos somos plenamente conscientes de nuestras sensaciones corporales, emociones y pensamientos.

Pues bien, con la práctica diaria de pequeños momentos de mindfulness trabajamos en cuidar nuestra atención, en focalizarla en el presente, en vivir el aquí y el ahora.

Espero que este texto os lleve a una reflexión más intrapersonal sobre vuestro procesamiento; os invite a ser capaz de hacer una pausa que permita mirar hacia vuestro interior y valorar que necesito aquí y ahora y cómo me lo puedo aportar de forma consciente.

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